Hace aproximadamente 15 años, entre 2008 y 2009, me planteé la idea de empezar a escribir. Inicié un manuscrito que titulé ‘El salmón’, inspirado en la metáfora de este pez que, contra toda adversidad, remonta el río para depositar sus huevos en la cima.
Hoy, más de una década después, comienzo el año en Montserrat, yendo a contracorriente, inmerso en un recogimiento personal. Durante mi estancia, me encuentro con personas que refuerzan una intuición que ya tenía en aquel entonces: ir a contracorriente no es solo un acto de resistencia, sino un viaje hacia lo esencial.
Esta idea tomó verdadera forma cuando leí el libro ‘Elogio de la sencillez’ de Raimon Panikkar, que ilumina el camino hacia lo invisible al que debemos aspirar cuando nadamos contra la corriente.
¡Os animo a leerlo! [Link]
Seamos como el salmón y aprendamos a ir a contracorriente.
¿Por qué es necesario?
- Te fuerza a tomar acción.
- Te enseña a sortear obstáculos.
- Te exige dar lo mejor de ti.
- Te enfrenta con tu realidad.
- Te permite crecer.
¿Qué quiero decir con esto?
Incluso las personas más activas necesitan, en ciertos momentos, detenerse para reflexionar o dar un pequeño golpe de timón. Para mí, estos recogimientos son una oportunidad de realinearme con mi propósito.
Piensa en los mejores surfistas: ellos enfrentan las olas más grandes, pero siempre están aprendiendo a maniobrar nuevas corrientes y retos. Lo mismo nos sucede en la vida.
Incluso quienes compiten al más alto nivel necesitan detenerse, enfrentarse a contracorrientes, y sacar lo mejor de sí mismos, o incluso un poco más.
Hasta aquellos que se resisten al cambio, como mamuts, o quienes abrazan el cambio constante, como sapiens, necesitan contrastar sus visiones con su realidad —real, artificial, o imaginaria— para avanzar.
Y porque, al final, todos tenemos la oportunidad y la necesidad de crecer.
Espero que en este nuevo año, encontréis momentos para ser como el salmón. Porque, en el fondo, ser salmón es ser sapiens, y no hay mejor manera de crecer y evolucionar.












