Esta mañana, revisando los planes de trabajo de un programa de desarrollo que estamos llevando a cabo, recibí un mensaje privado de Sara, una de las participantes, que me hablaba sobre la impulsividad.
Obviamente la conversación queda entre nosotros, pero mientras le respondía, me salió una frase que quiero compartir como #albertina de hoy:
La impulsividad no se trabaja a impulsos, se trabaja 24×7
¿Y qué quiero decir con ello?
Siempre he sido una persona con mucha iniciativa, inquieto y, sí, bastante impulsivo. Pero tras una parálisis facial que me marcó profundamente, decidí que debía cambiar. En ese proceso incorporé aprendizajes de la vida monástica y entendí algo clave:
La impulsividad no se apaga con más impulsos, ni con frases bonitas, ni con herramientas aisladas.
Porque:
- Pensar que la impulsividad se corrige a impulsos, es como querer apagar un fuego echándole más leña.
- Pensar que basta con palabras o técnicas puntuales, es como intentar apagar un incendiogota a gota.
- Los grandes cambios requierenlluvia fina y constante: cada día, cada hora, cada minuto.
¿Cómo trabajarlo en el día a día?
- Buscando objetivos que nos ayuden a anclar ese momento.
- Fijando espacios de pausas durante el día porque uno solo no basta
- Perseverando aunque no caigamos
- Pidiendo opinión, ayuda o acompañamiento
- Asumiendo que los beneficios son brutales
Han pasado 15 años desde aquel burnout provocado por mi impulsividad. Hoy sigue conmigo, pero la tengo más moderada. Como me recuerda mi buen amigo el Pare Lluís Planas:
✨ “El control del temperamento.”
Por eso lo repito con fuerza:
La impulsividad no se trabaja a impulsos, se trabaja 24×7












