El otro día estaba conversando con una persona sobre unos temas personales y en un momento dado me dijo.
“¿Es que tú dijiste que eso no lo haría nunca?”
Luego, hice un silencio y contesté
‘¿Y no se puede cambiar de opinión cuando te das cuenta de que estabas equivocado o que esta decisión estaba sesgada?
Obviamente que como ser humano que soy, llevo dentro de mí unas creencias que algunas de ellas seguro son limitantes y otras, serán aceleradoras o reforzarán mi forma de ser, mi forma de actuar y por lo tanto, lo que hago.
Soy de esas personas convencidas de que muchas veces, no cambiamos porque nos falta esa consciencia de que ‘eso’ que no queremos cambiar, necesita de cambiar o sencillamente, no ha aparecido en nuestro entorno o contexto, ese factor de cambio, ese factor agitador y ese factor conector que haga que realmente, las cosas cambien.
En otras palabras, a veces necesitamos que nos hagan #shakingminds y al mismo tiempo, un #connectingideas para que realmente, esto se transforme en un #ShakingConnecting (como bien sabéis, mi lema personal)
Una opinión es una mera creencia personal, condicionada por nuestro entorno y por toda nuestra subjetividad, que va variando o evolucionando a medida que vamos creciendo, madurando e interactuando con nuevos entornos.
Por esta razón, soy un apasionado de las personas que cambian de opinión porque se dan cuenta que, con ese cambio, mejoran ellas y todo su entorno.
También soy un apasionado de esas personas que hacen cambiar de opinión a otras personas para mejorar en su día a día y en sus vidas.
Y para acabar.
No confundamos ‘cambiar de opinión por interés externo’ o ‘porque de esta manera se consiga más, sea votos, like o similares. Hablo ‘de otro cambiar’
En resumen
Abracemos también ‘el arte de cambiar’ porque cómo ya decía uno del aprendizaje de mi segundo libro ‘La parálisis que activa’
‘Nunca digas #NuncaJamás’ que posiblemente, ese es el cambio que necesitas












