Las personas que me conocen de cerca, las que han compartido conmigo algunos de mis retos o quienes han leído mis libros y publicaciones en redes sociales, saben que concedo una enorme importancia a la visión poderosa.
Para mí, una visión poderosa es:
«La imagen clara y ilusionante de un futuro inspirador, donde una idea, un proyecto, una relación o un propósito ya han tomado forma. Una imagen que proyecto a tres, cinco o diez años y que me sirve de guía en el presente.»
Esto implica ciertas dificultades como pueden ser:
- Visión clara, pero con incertidumbres
- Comunicación multi direccional y profunda
- Tiempo de maduración
- Aceptación de los imprevistos
- Ajuste de rumbo
Visión clara, pero con incertidumbre
Esto significa que tenemos una visión clara, pero debemos aceptar que esa imagen del futuro, aunque esté bien definida, sufrirá reajustes a lo largo del camino.
Por ejemplo, si nuestra visión es tener un negocio con oficinas en Madrid, París y San Francisco, debemos asumir que quizá finalmente acabemos teniendo oficinas en Madrid, Londres y Boston.
Es decir, pueden cambiar algunos elementos, etapas o escenarios, pero eso no significa que la visión poderosa quede alterada. Lo importante es mantener la esencia y el propósito que la inspiran.
Comunicación multidireccional y profunda
Hablar de visión requiere un esfuerzo consciente por desarrollar una comunicación multidireccional y profunda.
Comunicar una visión implica comunicar intangibles. Estamos hablando de aquello que todavía no se ve, de aquello que puede generar inquietud y de aquello que impactará en muchas personas. Por esta razón, es fundamental crear espacios de comunicación profundos, abiertos y en múltiples direcciones.
No se trata únicamente de transmitir un mensaje, sino de escuchar, comprender, contrastar perspectivas y construir significado compartido alrededor de esa visión.
Tiempo de maduración
Una de las cuestiones que más sorprende cuando trabajamos con visiones es que no funcionan igual que los proyectos.
Un proyecto requiere plazos, ritmos y objetivos concretos. Sin embargo, cuando hablamos de visión, debemos hablar de tiempos de maduración.
Es posible que inicialmente pensemos que una visión puede alcanzarse en tres años, pero que el entorno necesite cinco para asumirla plenamente. La transformación requiere que las personas interioricen el reto, comprendan el cambio y evolucionen junto a él.
Las visiones no solo se ejecutan; también necesitan madurar.
Aceptación de los imprevistos
Probablemente sea uno de los aspectos más difíciles.
Debemos asumir que alrededor de cualquier visión existen impactos sociales, económicos, organizativos y personales que pueden provocar situaciones no previstas. Estos imprevistos alteran los plazos, modifican prioridades y, en ocasiones, obligan a replantear parte del camino recorrido.
Por esta razón, es muy importante detenernos y responder a tres preguntas:
- ¿Cuál es el imprevisto?
- ¿Qué evidencia nos está mostrando?
- ¿Cuál es el problema real que debemos abordar?
Responder con honestidad a estas preguntas nos permitirá actuar con mayor claridad y evitar reacciones impulsivas.
Ajustar el rumbo
Todos sabemos lo que significa ajustar el rumbo.
Consiste en recoger aprendizajes, analizar todo lo que hemos observado y hablado anteriormente, y adaptarnos a los nuevos escenarios y circunstancias.
Ajustar el rumbo no significa renunciar a la visión. Significa ser capaces de reinterpretar el camino para seguir avanzando hacia ella.
Las visiones poderosas no son rígidas; son firmes en su propósito y flexibles en su ejecución.
A modo de conclusión.
Debemos escoger si queremos proyectos o visiones, y aceptar que esto es tan cambiante que debemos ir ajustando constantemente
Te animo a seguir el debate, pues tus comentarios nos ayudarán a ir ajustando



